Volvemos a dar un cambio radical a este sitio que ya tenía telarañas, pero la ocasión merece la pena. Quéjate. ¿Otra vez? ¿Es que no terminas nada? Lo se. Pero es mi espacio y hago lo que quiero.
Un viaje inesperado
Desde hace poco más de una semana se puede decir con tranquilidad que en unos meses estaré saliendo de España para trabajar fuera durante un tiempo que se antoja (espero) muuuy largo.
Pero antes de contar las aventuras que, seguro, irán saliendo de aquí, toda historia empieza con un por qué. ¿Por qué quieres irte? ¿Por qué dejas un clima tan bueno por el de Suecia, donde a las 5 de la mañana en verano el Sol está fuera, y en invierno no verás el Sol salvo si sales a tomar café en un descanso del trabajo? ¿Es por que te pagan más?
¿Por qué, zeñó, por qué?
Os costará creerlo, pero el dinero no es un motivo que me haya hecho querer moverme. Ganando lo que ganaba como residente de último año de Psiquiatría tenía más que suficiente para vivir solo, comprar lo que me diera la gana y ahorrar algo todos los meses. Así que no, no me iría del país si la única diferencia fuera ganar el doble.
Varios de los motivos, muchos, están relacionados con el trabajo en sí. Con la ausencia de trabajo.
Desde que terminé la residencia en Mayo, me han llamado para una entrevista con el objetivo de trabajar un mes, cubriendo las vacaciones de otro médico. ¿Después de ese mes? Ninguna posibilidad.
Me di de alta en la bolsa de trabajo del S.A.S. (Servicio Andaluz de Salud), pero los que terminamos este año no estamos “oficialmente” en dicha bolsa hasta -agarraos los machos- Octubre del año que viene. Y por supuesto, se contrata “estrictamente por bolsa” (o eso dicen cuando he llamado por teléfono preguntando por emails donde mandar mi curriculum). Un sistema que cuenta con compañeros que terminaron hace un año y siguen en paro.
Pero no pasa nada, se podría decir. Existe una especie de “pre-bolsa”, donde sí que puedes figurar, y te podrían llamar… Si no hay nadie en la bolsa oficial. ¿Y quiénes están ahí, en la bolsa oficial? TODOS los médicos que terminaron hace más de un año. Vaya, que para que nos pudieran llamar tendría que darse la situación de que todos los “Psiquiatras oficiales” de Andalucía estuvieran trabajando o no hubieran contestado al teléfono cuando se les ha llamado. Pan comido.
Entonces, con paciencia todo llegaría, y tarde o temprano llamarían para trabajar… ¿Dónde? En cualquier lugar de Andalucía si quieres tener más probabilidades de que te llamen. ¿Cuánto tiempo? Un mes, cuatro, seis… ¿Y después? Ah, pues quizá se te renueve, o quizás no se pueda. ¿Vacaciones de otros? No se cubren. ¿Bajas? No se cubren. ¿Jubilaciones? No se cubren.
… Bueno, no pasa nada. Tendré que buscar trabajo fuera de Andalucía. Probemos en Murcia. Ah, que para estar en la bolsa de Murcia hay que pagar. Probemos en Extremadura; ah, que allí no depende sólo de tu expediente, sino que hacen entrevistas que van a tiro hecho. Probemos País Vasco; con todos los papeles echados y unas altas probabilidades de que llamen este verano, mi móvil no ha parado de encenderse… Pero sólo era yo comprobando si estaba bien, porque llamar no llamó nadie. Vivir el día a día sabiendo que ya has echado todos los papeles que podías echar y que sólo consiste en esperar a que llame el teléfono puede ser una odisea. Sobre todo si te gusta trabajar y ves cómo tienes 24 horas al día, 7 días a la semana para no hacer nada. “Tómatelo como unas vacaciones”, se puede decir. Pero yo no quiero vacaciones ahora mismo; yo quiero trabajar.
Entonces probaré en las privadas… Donde una charla con un amigo mío de otra especialidad me comenta que, de lo que pagan, se quedan un porcentaje importante. Entre lo que ellos se llevan por ofrecerte el sitio y por cada paciente que ves, más lo que tienes que pagar por ser autónomo, por los desplazamientos, por los seguros de responsabilidad que, no lo olvidemos, son caros porque parece ser que hay mucha gente afilando cuchillos para demandar a la mínima; si ya puede ser difícil establecer una relación terapéutica beneficiosa, imaginad lo que puede ser establecerla sabiendo que en algún momento te puede caer una denuncia por el simple hecho de sacar dinero.
No. Se ve que la privada, así, no está hecha para mí. Si en un futuro soy capaz de crear algo yo sin tener que depender tanto de otras empresas, me lanzaré a ello, pero cuando más del 50% del dinero que ganaría se iría en impuestos y demás… No.
Pues qué faena, ¿eh? Para trabajar en la pública tengo que esperar un tiempo indefinido (y, cuando llegara, sería con un contrato de tiempo muy bien definido), y para la privada aceptar unas condiciones que no son nada favorables.
En definitiva, tenemos: nula estabilidad de contrato (un mes, y luego no se sabe), nula estabilidad geográfica (hoy en Huelva, el mes que viene en Almería, luego meses de paro, después Sevilla…), condiciones poco favorables…
Os hacéis un poco la idea, ¿no?
Si muchos se quedan y tú te vas, el problema será más tuyo que generalizado
Sí, y… Sí.
Está claro que la decisión es muy personal, y el paso lo doy porque soy como soy y no soy como el resto, del mismo modo que muchos se quedan porque son como son y no son como yo. Y yo no soy mejor que ellos ni mucho menos.
Se trata de poner en una balanza lo que tienes, lo que puedes ganar y lo que puedes perder, y tomar una decisión. Y que los residentes que terminan se queden en España no es, ni mucho menos, una cuestión de falta de valor, ni de voluntad, ni nada. Se quedan porque a ellos no les sale a cuenta por los miles de motivos que sean.
Eso es algo que tengo bien claro, y no se me pasa por la cabeza pensar lo contrario. Yo no soy mejor que nadie.
Llega el momento de tomar una decisión, y de dos opciones, quedarme o irme, elijo la segunda.
Vale, entonces, resúmeme… ¿Por qué?
Sencillo: porque no me se estar quieto.
Porque tengo muchas ganas de hacer cosas, muchas ideas y mucha pasión por mi trabajo como para contemplar la posibilidad de no trabajar hasta el 2016 aun teniendo ahorros y el dinero del paro.
Porque no quiero trabajar al 75% y que me digan sutilmente que aun así estaré los 5 días de la semana pringado.
Porque no quiero tener que ver más de diez pacientes en 8 horas (y para hacer terapia en condiciones, esos números no cuadran).
Porque no quiero que se menosprecie el trabajo que tanta ilusión me hace, ni por familiares que creen saber más que yo y exigen ingresar a su pariente porque necesitan descansar un ratito, ni por otros profesionales que creen que lo que hacemos es “dar una charlita”.
Porque no quiero ver cómo la calidad de la atención se derrumba y nadie hace nada por cambiarlo, y viendo así que las ayudas que se pueden prestar son pocas porque no están repartidas entre los que la necesitan, sino entre todos los que tienen boca para pedir.
Porque allí me han dicho que me quieren en cinco días tras mandar mi curriculum (con un fin de semana de por medio), cuando aquí podría esperar sentado a que algunos con para los que he trabajado me digan que no estaría mal que me quedara.
Y con todo esto no me creo lo suficientemente importante como para quedarme e ir cambiándolo desde dentro, que quizá sería lo que debiéramos hacer.
Cuando vemos problemas siempre se dice que hay dos opciones: o ganas a tu enemigo, o te unes a él. Y llevamos años viendo cómo desde arriba no se intenta mejorar la situación, sino apretar las tuercas para ver cuánto podemos ahorrar mientras nosotros seguimos trabajando más para mantener lo mismo. Hoy por hoy, no se puede ganar al enemigo. Y yo no soy capaz de unirme a él.
Pero está la otra opción: salir del juego. Qué gran por qué.